Con el batir del aire en tus cabellos
me he hecho al sueño de volver a verte
y ha sido tal el recuerdo que he guardado,
que puedo aspirar el perfume de tu frente.
Despacio cabalgando sobre un mar de cañas
he encontrado tu corola verde,
cerca del lugar donde el salitre baña
las costas que son como mágica fuente.
Te he divisado, y en mi guajiro asombro,
he recorrido el campo ya lejano
y en el mismísimo instante en que te nombro
solo quisiera abrazar tu tronco con mis manos.
¡Oh Palma! ¡Que grácil figura!
¡Que voluntad para elevarte siempre!
De ti aprendí que no caben las dudas
pues entre tus penachos, empeñe mi suerte.
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