He visto el despertar del sueño de una musa,
y, ¡Lucía tan bella!
Por años y por años como bella durmiente
se mantuvo encantada dentro de mis lugares,
dentro de mis silencios.
Despertó con pies blancos, hermosos pies ligeros
y con manos de seda.
Tenía hambre de esas que no se sacian fáciles,
de esas que necesitan un millón de horas tiempo
para quedar satisfechas y volver al secreto.
Tenía hambre de hablar, de contar, de sentir;
que todo lo que existe para volverse cierto,
tiene que ser contado, tiene que convertirse en verso
Sentí pena por ella y quise complacerla
a pesar de saber que no tengo talento,
pero con su belleza,
mi intención y mi afecto;
porque no fuera a llorar….
le regalé mis versos.
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