
Del bosque verde con flores de nácar,
con olor a jazmines,
con gotitas de plata,
luciendo en cada hoja un azahar y una dalia;
te he visto salir ayer por la mañana.
Eras bello y radiante,
Príncipe del alba,
y de entre aquel follaje con luces escarlata;
te vi alzarte glorioso
empuñando tu espada.
En el puño oloroso de hojas de guayaba
relucía un rubí junto a tres esmeraldas,
el rubí de mamey, las esmeraldas de salvia
y el filo de canela tenía tu espada.
El bosque no está cerca
dista de mi muchas palmas,
pero los detalles
los vi de cerquita,
los tuyos y los de tu espada.
Porque cuando saliste
caminando del bosque
viniste derechito a meterte en mi cama,
y entre un mar de sabanas
y cobijas blancas;
como a un bello sueño,
te guarde en mi alma.





